jueves, 28 de junio de 2012

«El deseo de sobrevivir hace que tengas más opciones de curarte»

Miguel Ángel González tenía menos de un 20 % de opciones de sobrevivir, pero la estadística cayó del lado bueno. Ahora vive con un pulmón tras haber superado un cáncer.

     Participar en los Juegos Olímpicos de Londres es un reto que a Miguel Ángel González no se le pasó nunca por la cabeza. Desde que lo operaron de un cáncer hace unos años vive con un único pulmón y no podría correr ni tirar una jabalina. No le da mayor importancia porque, asegura con humor inglés, «no iba a ir de ninguna forma». Pero puede caminar al lado del río, coger aviones para cruzar medio mundo. Lo hace por el placer de viajar y para ver a su hija que vive en Hong Kong. Porque la vida, incluso cuando falta un órgano, es bella. Más que bella, porque desde luego se la ve con mejores ojos.
     Este médico, jefe del servicio de hematología del hospital lucense Lucus Augusti, ha aprendido a relativizarlo todo después de haber visto pasar la muerte muy cerca. «El haber superado algo como esto hace que las cosas las tamices más. Lo que haces es distinguir bien las cosas importantes de las que no lo son», asegura. Porque muchos asuntos que nos hacen infelices «son una auténtica tontería», descubre.

Hay que luchar 
Olió el perfume incierto de la muerte al descubrir que tenía un cáncer de pulmón en estado bastante avanzado. «Tenía pocas expectativas. Lo sabía porque además trabajo muy cerca de personas que tienen ese problema», explica. Pero no se dejó cautivar por aquel aroma. Como Ulises huyendo de los cantos mágicos que lo llevaban hacia el abismo, lo aireó y escapó. Luchó y acabó ganando. Y ahí, además de los medicamentos o los tratamientos que le aplicaron, tuvieron mucho que ver las dosis de optimismo que se inyectó y que también compartió con la familia.
Como médico era consciente de que era un candidato importante a sufrir un cáncer de pulmón. «Había fumado toda la vida y en este tipo de enfermedad el tabaquismo es un factor de riesgo muy importante. Era como haber jugado con todas las cartas de la baraja. Tocó y tocó», dice.
Al principio fue un golpe duro. «Fue en el 2001, cuando me lo descubrieron estaba avanzado y había pocas expectativas de salir adelante. No llegaba a un 20 % el índice de curación que manejaban los facultativos en aquel momento. Primero me aplicaron un tratamiento para reducir el problema y el cuerpo respondió muy bien. Más tarde me practicaron una cirugía para quitar el pulmón que estaba afectado y poco a poco fui recuperándome. Un año después ya podía hacer una vida normal», explica.
El arsenal terapéutico que había entonces tampoco era el de ahora. Los avances científicos que no paran son una esperanza que ayuda bastante. «En este momento hay muchos más tratamientos. Lo que hay que empezar a interiorizar es que esta es una enfermedad importante, pero igual que otras muchas. Hay que desbancar todos los mitos que la rodean. No se puede dejar uno enterrar. Al desear sobrevivir, tienes más opciones», explica.

No hay que desanimarse
Aunque habla con suficiencia, hubo momentos en los que sufrió. Sobre todo al saber la noticia. «Cuando te das cuenta, ves pasar la vida por delante y lo más penoso de todo es afrontar el hecho de que podría ser que no volvieras a ver a tus seres queridos nunca más», recuerda ahora.
Pero podrá continuar viéndolos. Tras recuperarse hace, con pequeños matices, una vida normal. Porque a la vida, pase lo que pase, hay que ponerle buena cara. Esa es una gran medicina porque, como explica, para sobreponerse a una enfermedad grave como esta es muy importante querer vivir. «El paciente que no quiere salir adelante tiene menos opciones. Trato a muchos pacientes. Veo que los que son optimistas obtienen unos resultados mejores», asegura. Hay algo muy importante en esto que no le gustaría dejar de lado: «Hay que desdramatizar, porque cualquier estado de dramatismo acaba volviéndose contra el enfermo. Al desdramatizarlo haces la vida mejor a los que tienes al lado y eso acaba repercutiendo en uno para bien».
Y echa mano de una estadística, la misma ciencia que un día se puso de su lado, para abrir una puerta de esperanza a todos aquellos que padecen esta enfermedad: «En España, donde hay en torno a unos 40 millones de habitantes, hay también 1,5 millones de supervivientes».

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es

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