sábado, 27 de octubre de 2012

Se buscan españoles valientes y sin miedo al cambio

Hace un par de días publiqué una entrada sobre el miedo a los cambios, la de hoy trata sobre la necesidad y apremio por emprender los mismos.

Copio a continuación una noticia de la periodista Sonia Franco extraída de El confidencial:


Últimamente pienso mucho en el cambio. Pienso que España necesita profundos cambios para salir de ésta. Pienso que a muchos sectores y a muchas empresas les hace falta gestionar el cambio adecuadamente para convertir esta crisis en una oportunidad. Pienso que muchas personas –empleadas y desempleadas- deben afrontar el cambio que todo esto supone en sus vidas y comprender que muchas cosas ya no van a volver a ser lo que eran.
 
Y, en estas estoy, cuando me encuentro con una frase de Albert Einstein: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar superado”.
Interesante, aunque hablar ahora mismo de la crisis como una bendición… Sigo leyendo: “El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. […] Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.
 
Uff. Son palabras duras para escucharlas en un contexto como el actual, pero espero que estéis de acuerdo conmigo en que resultan muy sabias precisamente en un contexto como el actual. Pienso en las personas que me rodean que se están viendo obligadas a afrontar un cambio y me vienen a la cabeza dos ejemplos contrapuestos.
 
Jaime sabía que su trabajo tocaba a su fin a finales de 2011 por tratarse de un cargo público, así que llevaba meses preparando el terreno. Analizó bien sus conocimientos y habilidades y se dio cuenta de que sería difícil encontrar un trabajo satisfactorio en la situación actual. Así que, ¿por qué no emprender? Pactó con su mujer que, durante al menos un año, ella sería la que se ganaría las lentejas. A cambio, el trabajaría desde casa y se haría cargo de los niños. Al cabo de doce meses, si las cosas no iban bien, se replantearían la situación. Ya han pasado cuatro y, aunque nada ha cuajado del todo, Jaime tiene ya varios potenciales clientes. Y se declara feliz, aunque trabaje como un mulo.
 
María sabe que su empleo desaparecerá más tarde o más temprano. El motivo no es que ella haga las cosas mal, porque domina el trabajo a la perfección tras casi quince años en el mismo puesto. Ni que se lleve mal con el jefe o algo semejante. No. El problema es que cada seis meses llega un ERE (con indemnizaciones cada vez menores) y todos ven cada vez más claro que es cuestión de tiempo que la empresa cierre. Le pregunto qué se plantea hacer. Se encoge de hombros. Ni idea. Ya se preocupará cuándo llegue el momento. Pero se declara angustiada y lleva meses sin dormir bien.
Jaime y María reflejan dos formas muy distintas de ver la vida. Él se anticipa a los acontecimientos y genera cambios constructivos en su entorno. Ella se conforma con su situación y no hace nada para cambiar lo que no funciona. Jaime es proactivo. María, reactiva.
 
Parecen abundar más las personas reactivas que proactivasDesgraciadamente, parecen abundar más las personas reactivas que proactivas. Son las que están convencidas de que no es responsabilidad suya sino de los políticos, los empresarios o los vecinos sacar a España de esta crisis. Son los que deciden quejarse mientras se quedan sentados con la boca abierta sin entender que en esta situación que nos ha tocado vivir el comportamiento individual juega un papel decisivo.
 
Pero también conozco muchas personas proactivas, que se levantan cada mañana dispuestas a crear oportunidades o a encontrar nuevas soluciones. Sin embargo, muchas se han cansado de serlo porque el entorno les hunde. Porque sus autoritarios jefes no les permiten arriesgarse, porque en sus organizaciones no está bien visto mostrar el talento individual, porque están rodeadas de personas a las que les aterroriza el cambio...
 
La mezcla entre personas reactivas y proactivas cansadas de serlo es explosiva. Si así nos sentimos, ¿de dónde vamos a sacar la energía necesaria para generar un cambio? Porque supongo que estaréis de acuerdo en que el cambio en España es hoy más necesario que nunca.
 
Einstein también decía que “dar ejemplo no es la única forma de influir en los demás; es el único modo”. Como los españoles no podemos contar hoy con el ejemplo de nuestra clase política para encontrar el camino de salida –y mucho menos esperar sentados a que nos saque de ésta-, habrá que buscar otros ejemplos. Yo hoy me quedo con el de Jaime, que no ha dejado que otros tomen las riendas de su vida por él. Y voy a presentárselo a María para que tome buena nota.

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