sábado, 22 de diciembre de 2012

Navidad, sin fín del mundo

Si se publica el artículo es que el fin del mundo, según una lectura de los textos mayas, no ha acaecido. La NASA se ha esforzado por desmontar la supuesta profecía. El 21 pasó, llegó el invierno y aquí seguimos mirando de frente a un futuro que deseamos convertirlo en algo mejor para todos nosotros porque ya estamos cansados de tantas malas noticias.
 
Lo que sí llegará será la Navidad. Un año más hemos vivido la ilusión del sorteo de lotería por excelencia. Hemos suspirado por oír nuestro número para que cayeran miles de euros en nuestra cuenta corriente. Unos lo habrán conseguido, otros esperarán nuevas ediciones para recibir la visita de la suerte.
 
La marcha decidida hacia la Navidad es imparable. Las familias se reúnen, los hijos vuelven a casa, los pequeños están deseando ver a sus primos y a sus abuelos. Son momento entrañablemente familiares. En las tertulias y comidas familiares tenemos mucho que contar y nos quitamos la palabra unos a otros. Somos seres dialógicos, seres que necesitamos la comunicación, la convivencia y el cariño para completar nuestro ser y nuestra manera de vivir. La Navidad irrumpe en nuestra vidas para mejorar nuestra condición humana, por eso es una fiesta esperada y deseada.
 
No podemos, no queremos perder la magia de la Navidad. Vamos a vivir todos momentos irrepetibles que desearemos, como decía Nietzsche, aprehender y retener en nuestras vida con sabor de eternidad. Queremos lo que bueno no termine, deseamos doblar las agujas al reloj para detener el tiempo, pero la Navidad viene y se va para volver el año próximo cargada de ilusión y de magia que nos permitirá vivir y ansiar su vuelta durante todo un año.
 

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