domingo, 20 de enero de 2013

El español más ilusionado: de ciudad, joven y vasco


Una ilusión es, según la Real Academia Española, una “esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo”. Pero, dejando a un lado el diccionario, lo cierto es que es mucho más que eso. Por su carácter motivador, la ilusión es el motor de nuestra felicidad y, en gran medida, determina nuestro bienestar. ¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos sueños que cumplir y metas que alcanzar? Por desgracia, la ilusión se ve fuertemente afectada por las circunstancias de nuestro entorno, y no es de extrañar que decrezca ante una situación de crisis como la que nos rodea. ¿Hasta qué punto le queda ilusión a los españoles?
 
Según el I Barómetro de la Ilusión Cofidis, elaborado por GFK a partir de una muestra de 1.458 personas de toda España, nuestro país aprueba en ilusión, pero por los pelos. Para elaborar el barómetro, los investigadores han establecido un Índice de la Ilusión, que es el resultado de ponderar tres factores: el número de proyectos que nos ilusionan, la importancia que les damos y la esperanza de que se cumplan. La media española se sitúa en 59 sobre 100: un aprobado justo.
 
Para Carlos Andreu, coach experto en motivación y desarrollo personal, el barómetro nos puede ayudar a comprender qué cosas nos ilusionan, para saber si estamos poniendo el acento en el lugar adecuado. Aunque “hacer un viaje” es el proyecto que más ilusiona a los españoles (un 49% lo selecciona como una de sus principales metas), lo primero que se evidencia al observar los resultados es la enorme importancia que le damos a cuestiones de carácter afectivo y emocional que ocupan la mayor parte de nuestros proyectos vitales.
 
En opinión de Andreu, los hombres nos movemos básicamente por cuatro aspectos: familia, trabajo, amigos y salud. “Si tenemos estas cosas cubiertas”, explica el coach, “tendremos espacio para ilusionarnos por otras cosas, más materiales”. El problema surge cuando anteponemos lo material a lo emocional, algo que, tal como apunta Andreu, ocurre con frecuencia: “La cultura occidental ha puesto el objetivo de la felicidad en lo material. Y nos hemos equivocado. La felicidad no está en tener un coche más grande o cambiar de casa. Lo que nos hace felices tiene que ver con lo emocional o lo espiritual, que es lo que realmente nos llena por dentro”. Algo que no todos tenemos claro.
 
Para el coach, esto resulta evidente cuando comparamos este barómetro con otras encuestas parecidas que se han realizado en otros países. Aunque los resultados de España son similares a los de otros lugares de Europa, la ilusión es mucho menor que en otras zonas como África, Bali o Tailandia, lo que pone de manifiesto, de nuevo, que felicidad y riqueza no van necesariamente de la mano.
 
                                             Fuente: I Barómetro de la Ilusión Cofidis

 
Los españoles más y menos ilusionados
 
Aunque la mayoría de los españoles permanecen ilusionados, el índice varía mucho en función de la edad, el lugar de residencia e, incluso, la tasa de paro, lo que podría explicar por qué las comunidades con más problemas en este sentido (Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura) son las menos ilusionadas. Tal como constata el barómetro, el 20% de los españoles tienen un nivel bajo de ilusión (un índice por debajo de 47). La ilusión decrece a medida que envejecemos, y es menor en el campo que en la ciudad. Los más ilusionados son los jóvenes, los estudiantes, y los habitantes del País Vasco, Aragón, Valencia, Madrid, Castilla León y Cataluña, que son las comunidades con mayor índice de ilusión.
 
Los jóvenes tienen más ilusión que la gente de 35 o 40, pero esta vuelve a crecer a partir de los 60Como apunta Andreu, y constata el barómetro, los jóvenes tienen más ilusión que la gente de 35 o 40, pero esta vuelve a crecer a partir de los 60. Se trata de un fenómeno ampliamente estudiado. Tal como explica el coach, “el joven tiene la inocencia necesaria para disfrutar todas las cosas buenas de la vida y no ha sufrido tantos reveses como los mayores, que viven la vida con mayor negatividad. Los niños se emocionan con cualquier cosa, pero a los adultos nos cuesta ilusionarnos”.
Más difícil de entender es la significativa diferencia de ilusión entre los entornos rurales y los urbanos, máxime hoy en día, cuando parece que se ha puesto de moda la vuelta al campo. Andreu asegura, no obstante, que “si ponemos el foco en las cosas materiales, el mundo urbano ofrece más posibilidades”. Algo que podría haber decantado la balanza del lado de las ciudades.
 
Luchando contra la desilusión
 
No cabe duda de que son las personas que peor lo están pasando económicamente las que menos ilusión tienen. Andreu cree que la crisis ha dañado mucho la ilusión de la gente, y por eso anima buscar la felicidad en cosas que no tengan que ver con lo económico: “Que al 49% lo que más les ilusiona es hacer un viaje es un clásico de la ilusión, pero muchas veces ponemos la ilusión en el propio viaje pero no en preparar el viaje en sí. La ilusión no sólo está en llegar a Roma, sino en disfrutar de todo lo que nos va a llevar hasta allí. Siempre pensamos que seremos más felices cuando tengamos un trabajo mejor, o un nuevo coche, pero la ilusión no está en el cuándo sino en el mientras”.
 
El 22% de los españoles cree que la consecución de sus objetivos depende de la suerteAndreu asegura que la verdadera felicidad reside en disfrutar de los pequeños placeres de la vida, algo que sólo se consigue si nos ilusionamos con nuestro día a día. En definitiva, debemos vivir el momento pero, como apunta el experto, no de cualquier forma: “Muchas veces nos proponemos vivir el momento desde un punto de vista radical, el carpe diem, y esto lleva a otros problemas, como las adicciones. Tampoco se trata de eso. Hay que aprovechar el momento mientras buscamos un objetivo, y que el objetivo sea bueno”.
 
Uno de los detalles que más sorprenden del Barómetro de la Ilusión es la importancia que damos a la suerte, como factor para que se cumplan nuestros proyectos. El 22% de los españoles cree que la consecución de sus objetivos depende, principalmente, de esta, frente al 19% que confía en la ayuda de terceros y el 59% que da más importancia al esfuerzo personal. Para Andreu, que 4 de cada 10 españoles confíen más en la suerte o en la ayuda de los demás que en sus propias posibilidades, es un dato que debería preocuparnos: “No podemos dejar que nuestra ilusión esté en manos de la suerte, ni del presidente del Gobierno, ni del alcalde de nuestro pueblo. La ilusión debe ser responsabilidad nuestra y esto requiere esfuerzo y actitud. Debemos poner en valor las pequeñas alegrías del día a día y no esperar que un golpe de suerte nos de un nuevo trabajo. Hay que disfrutar mientras consigues el objetivo final. Si sólo ponemos la ilusión en la meta estamos dejando nuestra vida en manos de la suerte. Y la suerte no existe”.
 

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