sábado, 23 de marzo de 2013

Cómo construir un hogar feliz (con técnicas empresariales)


“Organizar reuniones familiares semanales es lo mejor que hemos hecho por nuestra familia”, reconoce Bruce Feiler, periodista estadounidense famoso por su columna sobre asuntos familiares en el dominical del New York Times. En su nuevo libro, Los secretos de las familias felices (HarperCollins Publishers), que sale a la venta la próxima semana, Feiler ha tratado de averiguar qué estrategias siguen las familias americanas en su devenir cotidiano. Y ha llegado a una conclusión: las familias que mejor se organizan son aquellas que han sabido aplicar en sus hogares las técnicas que rigen en los centros de trabajo.
“El mayor problema de los libros para padres”, cuenta Feiler en una entrevista promocional del libro, “es que no contienen ninguna idea novedosa. Mientras, en el resto del mundo –en Silicon Valley, en las grandes empresas, en el ejército…– se han desarrollado teorías punteras sobre la organización de grupos. Pregunté a la gente experta en estos asuntos qué hacía con sus familias y comparé sus ideas con las mías”.
La familia no existiría sin la empresa, que le da el sustento, y la empresa no existiría sin la familia, que le da el talentoEl profesor de Comportamiento Organizacional de la IE Business School, Diego Vicente, coincide con Feiler y ha explicado a El Confidencial que sería una insensatez no practicar con la familia lo que enseña en sus clases. En su opinión, la familia no existiría sin la empresa, que le da el sustento, y la empresa no existiría sin la familia, que le da el talento. Y ambas instituciones pueden, y deben, compartir sus virtudes. En su caso, aplica todo lo que sabe sobre desarrollo del liderazgo a su familia, pero le consta que el resto de profesores de la escuela hacen lo propio respecto a sus especialidades.

 

En Los secretos de las familias felices, cuyo adelanto ha publicado el Wall Street Journal, Feiler cuenta la historia de la familia Starr. El padre, David, es ingeniero de software, y la madre, Eleanor, cuida de sus cuatro hijos, con edades comprendidas entre los 10 y los 15 años. Uno de los chavales tiene el síndrome de Asperger y otro fue diagnosticado con el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (que afecta casi uno de cada diez niños estadounidenses). Tal como confesó Eleanor a Felier, su familia era un “completo caos”.
Un día, a su marido se le ocurrió aplicar en su hogar las técnicas que empleaba para organizar el trabajo en su empresa. Entonces empezaron a utilizar en casa una metodología muy utilizada en el mundo de la informática: el desarrollo ágil de software. Se trata de un sistema de trabajo en grupo en el que se divide a los trabajadores en pequeños equipos, con evaluaciones diarias para observar el progreso y reuniones todas las semanas. El sistema enfatiza las comunicaciones cara a cara en vez de la documentación, algo que David, pensó, podía servir en su familia. Las reuniones semanales se convirtieron entonces en la pieza central alrededor de la cuál empezaron a organizar la vida familiar.
El propio Feiler aplicó el sistema con sus dos hijas gemelas, que entonces tenían cinco años, y asegura que las reuniones transformaron su relación con éstas. “No son necesarios más de 20 minutos”, cuenta en el libro. En la reunión, explica Feiler se deben plantear tres cuestiones principales:
  1. Qué ha ido bien en nuestra familia esta semana
  2. Qué no ha ido bien
  3. En qué vamos a centrarnos la siguiente semana
Todo el mundo debe responder a las preguntas, dando su opinión. Después, cuenta Felier, deciden centrarse en dos asuntos en los que trabajar durante la próxima semana. Para que la reunión no se convierta en un caos, teniendo en cuenta que es básico que participen los niños, el periodista da una serie de consejos:
  • Es recomendable empezar la reunión con un pequeño juego, para que los pequeños vean ésta como algo divertido.
  • El reparto de tareas debe dejarse para el final de la reunión. Es lo que más interesa a los niños, y estarán más atentos en el trascurso del encuentro si esto se trata en último lugar.
  • Si los niños han hecho algo mal durante la semana se debe tratar el asunto en la reunión, dejando que sean ellos mismos quienes elijan el castigo correspondiente.
  • Cuando se va a tratar un asunto controvertido todos deben de dar su opinión sobre éste antes de empezar la discusión.
  • Si hay que tratar un asunto se pueden celebrar reuniones extaordinarias, pero es importante que estén presentes todos los miembros de la familia.
Fuente: http://www.elconfidencial.com

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