martes, 16 de abril de 2013

La fuerza de las ideas: por qué algunas personas triunfan cuando les dicen que fracasarán

¿Cómo es posible que haya seres humanos que triunfen cuando todas las personas a las que consultan les dicen que fracasarán? ¿Por qué JK Rowling, que no tenía ninguna experiencia literaria, no tiró la toalla cuando varias editoriales le dijeron que su libro Harry Potter nunca tendría éxito? ¿Por qué John Lennon y Paul McCartney no abandonaron su sueño de ser músicos cuando la profesora de música les dijo que no tenían ningún talento musical? ¿Qué hizo que Thomas Alva Edison no se hundiera cuando el director del colegio le dijo a su madre que aquel niño no tenía suficiente cerebro como para poder seguir unos estudios primarios? ¿Qué evitó que Walt Disney dejara el dibujo cuando fue despedido de un periódico por su aparente falta de imaginación? ¿Por qué Michael Jordan no olvidó su amor por el deporte cuando se le sacó del equipo de baloncesto?
 
La respuesta a todas estas preguntas creo que es fácil de intuir: todos ellos tenían un sentimiento de certeza acerca de su propio valor. Para ellos, este sentimiento pesaba mucho más que las opiniones de los supuestos “expertos”. En todas estas personas que transformaron el campo en el que actuaron, existía una fuerza interior que de alguna forma les susurraba: “Tú vales mucho, aunque los demás sean incapaces de darse cuenta de ello”.
 
Si nos damos cuenta, estas personas de las que hemos hablado, no sólo mejoraron ciertas cosas, sino que las revolucionaron. Tal vez por eso encontraron tanta resistencia a sus ideas. A JK Rowling le dijeron que a los niños no les interesaban los cuentos largos. Ella escribió un libro que enamoró por igual a niños y a mayores. John y Paul dieron al mundo una música que todavía nos conmueve. Thomas Alva Edison no mejoró el tipo de iluminación que había, sino que la llevó a otro nivel. Walt Disney no hizo simples dibujos, sino que transformó por completo el mundo de la animación. Michael Jordan no se convirtió en un jugador muy bueno, sino en un jugador único.
 
El Fosbury Flop

 
Esto me recuerda cuando a Richard Douglas Fosbury, un joven atleta norteamericano que era estudiante en la universidad de Oregon, le preguntaron si estaba entrenándose para mejorar el salto de altura. Él contestó que su objetivo no era mejorarlo, sino transformarlo. Fosbury empezó a experimentar con la nueva técnica, luego llamada Fosbury Flop, cuando tenía 16 años, pues encontraba demasiado difíciles los estilos que entonces se utilizaban para ejecutar el salto. En los Juegos Olímpicos de México, mucha gente que no lo había visto antes se sorprendió al ver la técnica que Fosbury utilizaba, y que le llevó a ganar la medalla de oro, estableciendo un récord olímpico con 2.24 m, la mejor marca mundial del año.

 
Cambiar un paradigma, una forma de ver las cosas, nunca ha sido algo fácil, especialmente cuando todo el mundo se ha acostumbrado a ver las cosas de una cierta manera y a esperar no lo que es posible, sino lo que les parece razonable.

 
El éxito es el resultado de un número incontable de horas de búsqueda, mejora y perfeccionamiento. La fuerza de las ideas depende de su capacidad para transformamos en el proceso de hacerlas realidad. Por eso, lo importante no es el sueño en sí, sino lo que el sueño es capaz de hacer en nosotros. Todas las personas que han revolucionado la ciencia, la técnica, el pensamiento, las artes o el deporte, han tenido que desplegar su potencial para plasmar su idea en algo que mejoraba claramente lo existente. Todos ellos fueron capaces de abrir una ventana, donde el resto únicamente veía muros. Ellos crearon en sus mentes la posibilidad de algo que a nadie más o a muy pocos se les había pasado por la cabeza. Es cuando nos enamoramos del alcance que vemos en eso que ahora sólo es una posibilidad, cuando somos capaces de poner toda la pasión, toda la determinación y toda la paciencia que son necesarias para plasmar un sueño en una gran realidad.
 
Decía Goethe: “Cualquier cosa que crees que puedes hacer, o sueñas que puedes hacer, ponla en marcha. La audacia tiene genio, poder y magia”.
 
 
Todo el mundo quiere experimentar “las mieles del éxito”, pero muy pocas personas tienen la confianza necesaria y están dispuestas a pagar el precio que hay que pagar para llegar a disfrutar de ellas.
 
Fuente: Mario Alonso Puig (http://www.elconfidencial.com)

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