lunes, 12 de agosto de 2013

10 consejos para evitar que el pesimismo acabe con tu salud

Hay días en los que parece que no nos sale nada y, por eso mismo, nos sentimos completamente inútiles. Y después de sentirnos inútiles, nos ponemos tristes, lo cual nos dificulta más aún hacer las cosas, lo cual nos conduce a la ira, que tampoco facilita nada. En definitiva, terminamos mucho peor que como estábamos en un primer momento. La solución en muchos casos no va más allá de dejar que el tiempo pase y atempere nuestros nervios, pero quizá no esté de más recordar el siguiente decálogo en esos momentos de zozobra. Algunas de sus ideas provienen del Happiness Project, el megalómano proyecto que tiene como objetivo salvaguardar la sabiduría de las generaciones anteriores para el futuro. Otras de ellas provienen de la vertiente más terrenal de la obra de Deepak Chopra y el resto, en definitiva, son consejos aportados por la psicología.
 
Todo pasa
 
Como señalaba el mítico disco de George Harrison, All Things Must Pass, debemos tener presente que todo va y viene, tanto lo bueno como lo malo. En demasiadas ocasiones consideramos que si la cosa está mal, sólo puede ir a peor, y sin embargo, con la llamada de un nuevo día comenzamos a ver la realidad con otros tonos. Se trata de una idea que todos conocemos, pero que solemos olvidar bajo el peso de la ansiedad cotidiana. Así que antes de desesperarse quizá sea preferible respirar hondo y reposar nuestras preocupaciones en la almohada.
 
Recuerda lo que has conseguido
 
Con qué facilidad nos conducimos a los extremos y pensamos que somos las personas más incapaces del planeta cuando quizá el día anterior pensábamos que no había reto que se nos resistiese. Ni tanto ni tan calvo. Simplemente, debemos intentar que nuestra autoestima salga indemne de estos envites. ¿Cómo? Quizá sea útil pararse y escribir una lista de esas cinco metas que pensábamos que nunca alcanzaríamos y que, sin embargo, hemos superado. Es un buen recordatorio de que cuando queremos y, sobre todo, no nos ofuscamos, podemos.
 
Especialízate en algo
 
Una de las enseñanzas más originales proporcionadas por el Happiness Project es esta, que indica que conocer algo en profundidad puede ayudarnos a volver a arrancar en esos momentos en que nos sentimos atrapados. Encontrar algo que nos apasione, en lo que seamos buenos y que disfrutemos puede ser un buen bote salvavidas cuando el mundo parece, de la noche a la mañana, incomprensible y hostil.
 
No te compares con los demás (porque quizá estén peor que tú)
 
Una reciente investigación señalaba que uno de los elementos clave para ser felices es pensar que hacemos más el amor que nuestros vecinos. Y que, como contrapartida, solemos compararnos, equivocada y perniciosamente, con aquellos que tienen más dinero que nosotros, lo que nos hace sentir desgraciados e insuficientes. Raramente solemos hacerlo con aquellos que están peor que nosotros. La raíz de muchos de nuestros males se encuentra precisamente en mirar más al vecino que a nuestro propio hogar. Como es habitual, pensamos que lo que hacen los demás es siempre mejor y tendemos a olvidar que debajo de la apariencia de felicidad pueden latir problemas más serios de los que sospechamos. Siempre habrá algún campo en el que destaquemos por encima de los demás (aunque no lo parezca).
 
No quieras demasiado
 
¿Conformismo? Quizá, pero quizá también sea una sana muestra de higiene mental mantenernos lejos de las metas inalcanzables cuya persecución tan sólo puede conducirnos a la frustración. Mantener unas expectativas adecuadas a nuestro momento vital, capacidad de esfuerzo y talento nos ahorrará unos cuantos disgustos y, en lugar de ponernos barreras, conseguirá llevarnos más lejos.
 
Socializa y lo verás todo con otros ojos
 
Todos necesitamos una cierta dosis de introspección de cuando en cuando, eso está claro. Pero a veces, este tiempo de reflexión es el equivalente al aislamiento que conduce indefectiblemente a la obsesión, la ansiedad y la depresión. Con levantar el teléfono y llamar a uno de nuestros amigos para contarle lo que nos atormenta tendremos mucho ganado. Pocas cosas mejores para la autoestima que un amistoso piropo a tiempo.
 
La decepción forma parte de la vida
 
A veces intentamos ir demasiado lejos con nuestros objetivos, y otras veces, simplemente no podemos conseguir lo que queremos, aunque sea asequible. Como cantaban los Rolling Stones, «You Can’t Always Get What You Want», y cuanto antes lo aprendamos, mejor viviremos. Sigamos las enseñanzas de los estoicos y de su lema, “aguanta y renuncia”, aunque no sea a pie juntillas. No huyamos de los sentimientos, pero tampoco pretendamos que guíen nuestra vida.
 
Vence un miedo
 
Uno de los problemas que tiene este sentimiento de inseguridad e impotencia es que termina convirtiéndose en una profecía autocumplida en la que no sólo nos vemos incapaces de hacer lo que no sabemos, sino que terminamos fracasando en aquello en lo que éramos maestros. Una estrategia para garantizarnos ese chute de autoestima es localizar una de esas fobias que hemos arrastrado a lo largo de toda nuestra vida (miedo a las alturas, hablar en público) e intentar hacerle frente. Si lo conseguimos, no sólo habremos superado un hándicap, sino que recobraremos la confianza perdida. Incluso si fracasamos, el intento nos recordará que no somos unos cobardes.
 
 
Haz algo nuevo
 
Una reciente investigación señalaba que la felicidad tiene forma de “U”, es decir, que los momentos álgidos de la vida se encuentran a los 20 y a los 70 años. ¿Por qué a los veinte? Porque en ese momento, la mayor parte de experiencias que tenemos son vividas por primera vez y la vida parece ofrecer una infinita gama de posibilidades en el futuro. Sin embargo, a medida que el tiempo pasa, es cada vez más difícil escapar de la rutina y encontrar algo verdaderamente nuevo. Cuando creamos que no somos capaces de hacer nada, busquemos algún reto que no nos hayamos planteado con anterioridad y afrontémoslo.
 
Pasea
 
¿Nada de lo anterior ha funcionado? Quizá todo sea tan fácil como salir a dar una vuelta y, de esa manera, desengrasar nuestra mente. Es una de las maneras más sencillas y baratas de acabar con la fatiga mental, tal y como demostró este mismo año un estudio realizado por la Universidad de Escocia, que indicaba que algunas de las peculiaridades de los paseos por el parque (como la llamada “fascinación suave”) nos ayudaban a resetear nuestro cerebro y a recuperar la concentración. En definitiva, a volver al punto cero y recuperar la confianza. 
 
 

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