lunes, 22 de septiembre de 2014

El joven que se paga la hipoteca vendiendo optimismo



Cuatro de la tarde. Alameda de Hércules (Sevilla). José Antonio Montaño se acerca a un grupo de sevillanos. «Si os molesto, me voy. Solo quiero que veáis mis tarjetas», dice. Algunas rezan así: "Relucir... Recargar...", "A mí nadie me exprime", "No importa que llueva si tú estás a mi lado", "Mira más allá y créalo",«Lo más importante, el amor»...

Es de Osuna. Tiene 34 años y los fines de semana, mientras su novia Marga cuida a mayores en una residencia, él, con una bolsa al hombro y una sonrisa, vende en la calle su «buen rollo». Es su oficio desde que hace 5 meses se quedó en paro. Como no encontró trabajo, se reinventó y creó Naranjita Energy, empresa con la que vive del optimismo y labia (su gran potencial). 
El precio de su obra lo pone el cliente


 «Me han pagado desde 20 céntimos a 40 euros por una tarjeta (ha vendido más de 4.000). Me han ofrecido trabajo como comercial, dos locales para exponer mis obras y hasta las llaves de un piso en la playa para veranear gratis siete días. Con lo que saco, me pago la hipoteca», dice Montaño, quien en su «quijotesca guerra contra la crisis», practica la buena actitud. "Pensé mucho donde centrar mi atención. Con energía y cambiando la reglas obsoletas de las ventas, uno se puede reinventar", dice este pupilo de aprendiz de Luthier que un día dejó el taller y probó durante un mes a vender placas solares. No le fue bien y tras quedarse sin empleo inventó el negocio de las tarjetas.

                                                           Una de las tarjetas de Montaño

 "Hay escasez de ilusión" «Las fotos las hago con el móvil y el cartón lo compro a una empresa de mi pueblo. La inversión inicial fueron 20 euros», dice orgulloso. Jose Antonio, como dice en su página de Facebook, «quiere ser motor de cambio, la pizca de sal que alegra el puchero, la luz entre la gente apagada». Él lo tiene claro: «Ya está bien de tanta penitencia por la situación económica. Solo hay que arrimar el hombro. El problema no es la falta de dinero sino la escasez de ilusión». Montaño, la suya, la regala.


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