lunes, 6 de marzo de 2017

El chico que amaestró el viento

La historia del niño que construyó un molino porque tenía hambre

William Kamkwamba es conocido como el "chico del viento". Cuando tenía 14 años fabricó un molino con chatarra, voluntad y creatividad para cambiar su destino, el de su familia y el de su comunidad. La épica de un joven que no aceptó el futuro que le habían asignado.
 
La historia de William Kamkwamba no es pretenciosa. No es un lavado de conciencia a la cultura occidental ni apela al sentimentalismo para ser redituable. Se construye desde la necesidad, la preocupación por la calidad de vida de su comunidad y la pasión por aprender a ayudar. Empezó con 14 años y ochenta dólares de matrícula escolar que su familia no podía costear. Terminó -aunque no haya terminado- en charlas TED, documentales, posgrado y una noble razón para recordar su gesta.
William Kamkwamba era un simple granjero en un Malawi, país de granjeros pobres. Tenía siete hermanas. Era el único hijo varón de la familia. Había sido educado en la Escuela Primaria Wimbe y aceptado en la escuela secundaria Kachokolo. El siglo había cambiado. En 2001 una hambruna feroz azotó a su comunidad. La gente tenía hambre y moría; moría porque tenía hambre. Él y su familia comían una vez por día tres porciones de maíz. "La comida entraba en nuestro cuerpo", dijo. No hablaba de comer: la comida solo le entraba. Había abandonado la escuela secundaria porque no podía pagar más los 80 dólares de matrícula anual. "Vi a mi papá y también vi aquellos sembradíos secos. Era un futuro que no podía aceptar".
 
No lo aceptó. Era un agradecido con la educación que había recibido. Decidió continuarla de manera autodidacta. Fue a la biblioteca a leer libros de ciencia y especialmente de física. Su inglés era precario. Pero aprendía de los gráficos, los diagramas y las fotos mientras relacionaba las palabras con las imágenes. En uno de esos libros encontró el conocimiento que necesitaba para cambiar su historia. El título decía "Energy" y la imagen mostraba cuatro molinos.



Leyó que un molino de viento podía bombear agua y generar electricidad. Asoció bombear agua con el riego y al riego con la posibilidad de comer. Su mamá le dijo que estaba loco. Recolectó de un almacén de chatarra instrumentos que le sirvieran para construir un molino de viento. Tenía 14 años y hambre. Estaba "loco" porque no aceptaba su futuro. El ventilador de un tractor, tubos de pvc, el cuadro de una bicicleta, un amortiguador, un dínamo, árboles y los conocimientos en un inglés modesto bastaron para que la obra de William Kamkwamba le suministrara electricidad a su comunidad.

El primero fue de cinco metros. Asociado a una batería de automóvil para el almacenamiento, pudo encender cuatro bombillas y cargar los teléfonos móviles de los vecinos. El segundo molino fue levantado a doce metros para domar mejor el viento sobre los árboles. Un tercer molino de viento bombeaba agua gris para el riego. William Kamkwamba ya era genio e inventor. Sus proyectos se reprodujeron: agua limpia, prevención de la malaria, energía solar e iluminación para las seis casas en su complejo familiar, sistema de riego por goteo.



Su testimonio fue registrado en documentales y en una autobiografía llamada "The Boy Who Harnessed the Wind: Creating Currents of Electricity and Hope" ("El chico que amaestró el viento: creando corrientes de electricidad y esperanza"). Hoy se aboca a desarrollar un instructivo tecnológico para acercar las definiciones entre "saber" y "hacer". Entre el futuro que no pudo aceptar y el molino de viento que inventó.

Fuente de noticia: http://www.elpatagonico.com/la-historia-del-nino-que-construyo-un-molino-porque-tenia-hambre-n1539797

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