martes, 30 de mayo de 2017

El ingeniero “loco” del desierto

Un joven saharaui diseña una vivienda innovadora con botellas de plástico para mejorar las condiciones de vida de una población que lleva más de 40 años refugiada.
 
 
Un grupo de mujeres toma el té a la sombra de una jaima y observa la construcción de una extraña casa circular. La vivienda a medio hacer es un invento de Tateh Lehbib Braica, ingeniero de 27 años, que deambula entre tres operarios. Todavía no hace mucho calor, pero en verano, con temperaturas superiores a los 50 grados centígrados, sería imposible estar al aire libre. En el suelo hay centenares de botellas de plástico de litro y medio, rellenas de arena, que sirven de ladrillos. Tateh ha encontrado en el desierto argelino que acoge a los refugiados saharauis un sistema para luchar contra las inclemencias del propio desierto.
 
Las inundaciones de 2015 y 2016 destruyeron el 60% de la infraestructura de los campos saharauis.

"Nací en una casa de adobe con un tejado de chapas de zinc, uno de los mejores conductores de calor. Yo y mi familia hemos sufrido las altas temperaturas, la lluvia y las tormentas de arena que, a veces, se llevaban el techo. Cuando volví a los campamentos decidí construir una vivienda más digna y también más cómoda para mi abuela", dice Tateh, al que algunos llaman “el loco de las botellas”. En un inicio, la propuesta no convencía mucho a sus vecinos, pero tras terminar la casa de su abuela llegó el reconocimiento: "Se acercaban a verla y les gustaba mucho”.
Las viviendas cuentan con varias características que las hacen más eficientes en el durísimo ecosistema de la hamada argelina, el llamado desierto de los desiertos. Los muros son de botellas de plástico rellenas de arena, cemento y una mezcla interior de tierra y paja que sirve de aislante térmico. Son muy resistentes en comparación con el tradicional adobe que se deshace con las lluvias que asuelan la región cada cierto tiempo.
 
Tatah Lehbib en el campamento saharaui de Tinduf, en Argelia, durante la construcción de una de las viviendas que ha ideado.
Tatah Lehbib en el campamento saharaui de Tinduf, en Argelia, durante la construcción de una de las viviendas que ha ideado.




Su forma circular tiene dos objetivos: evitar que se formen dunas en las tormentas de arena —como sucede con las de planta cuadrada– y, junto a la pintura blanca exterior, reducir hasta en un 90% el impacto de los rayos solares. El doble techo, con un espacio para la ventilación, y dos ventanas a diferente altura para favorecer la corriente completan una idea que se traduce en una rebaja de cinco grados centígrados con respecto a las construcciones hasta ahora usuales en los campamentos Las inundaciones sufridas en 2015 y 2016 destruyeron 9.000 casas y un 60% de la ya de por sí exigua infraestructura de los campos, según Acnur.

La idea llegó hasta la sede central en Ginebra del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y fue seleccionada como proyecto piloto. La aportación del organismo de algo más de 55.000 euros ha servido para construir 25 casas más en los cinco campamentos que habitan 90.000 refugiados saharauis en la provincia argelina de Tinduf. Las formas circulares de Tateh ya están en pie en los campos de El Aaiún, Auserd, Smara, Bojador y Dajla, los mismos nombres de las ciudades del Sáhara Occidental de las que miles de saharauis huyeron en 1975 ante la ocupación marroquí, la llamada Marcha Verde.
 
No quiero vivir toda la vida como refugiado
Tateh Lehbib Braica, ingeniero saharaui

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